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Entrevista para el Boletín de la División de Psicoterapia

IV BOLETIN DE NOTICIAS, ABRIL JUNIO DE 2017

Prosiguiendo con nuestra recién inaugurada sección, a través de la cual poder acercarnos a diversos profesionales de reconocido prestigio en el mundo de la psicoterapia, de distintas escuelas y modelos; para este IV Boletín de noticias dPsiT hemos decidido entrevistar a Guillermo Mattioli, actual Presidente de la Sección de psicología clínica, de la salud y psicoterapia del Colegio Oficial de Psicólogos de Cataluña.

 

Como emigrante argentino afincado en nuestro país desde hace varias décadas, y por lo tanto, magnífico observador de la evolución histórica de la psicoterapia española; ¿podría indicarnos cuáles cree que han sido los hitos evolutivos académicos y prácticos más significativos que ha podido contemplar desde su llegada a España hasta la actualidad?

En realidad sólo puedo contestar esta pregunta refiriéndome a Cataluña y al ámbito privado, basándome exclusivamente en mi experiencia personal. Cuando yo llegué hace casi 40 años la diferencia con mi país de origen era notable. En la Argentina y especialmente en Buenos Aires se entendía que ir al psicólogo era algo que habías hecho, estabas haciendo o harías alguna vez. Sin embargo, hace 37 años, cuando llegué a España no era ni tan frecuente ni tan bien aceptado solicitar o recibir ayuda psicológica. Esto ha cambiado y en la actualidad la oferta psicoterapéutica es muy grande y variada, el lenguaje se ha impregnado de expresiones psicológicas y el tratamiento no se asocia tan fácilmente con trastornos o locura, siendo substituido por expresiones tipo, tales como “crecimiento personal” o “superar bloqueos”, que permiten aceptar el sufrimiento reduciendo la carga de estigma asociada a la patología mental.

Usted, que ha tenido la oportunidad de comenzar su formación académica y práctica profesional en Argentina, ¿observó algunas diferencias en las mismas a su llegada a España?

El ambiente estudiantil de la carrera de psicología, en los años 70 en Buenos Aires estaba impregnado de psicoanálisis y sesgado contra el conductismo. No tanto en el nivel de las asignaturas sino en el folklore psicológico urbano. Muchas cátedras eran de inspiración psicoanalítica, pero además de Freud, los postfreudianos, Klein y Lacan también recibimos clases de teoría y terapia familiar sistémica, que acababa de nacer, del mismo modo que la revolución cognitiva, que aún no había cumplido 20 años se expandía por las cátedras de psicología general agregándose al estudio de Piaget, Wallon, Vygotsky y Bakhtin por citar a los que recuerdo. Las primeras prácticas en el hospital psiquiátrico las realizamos en la cátedra de psicología comprensiva, de inspiración fenomenológico-existencial y como yo había comenzado mis estudios en la carrera de filosofía tuve el placer de encontrar autores humanistas, como Binswanger, Rollo May, y de ver plasmadas en dramas psiquiátricos las ideas de Kierkegaard y sobretodo de Nietzsche, el ídolo intelectual de mi juventud. Aunque no tengo la misma familiaridad con la universidad española, por comentarios y observaciones que he tenido la ocasión de recoger, diría que la carrera de psicología en España se centra afortunadamente más en lo estrictamente académico, científico y está menos expuesta a convertirse en una caja de resonancia ideológica de los avatares políticos inherentes a las cíclicas crisis de gobierno entre tiranías militares y proyectos democráticos que la que yo viví.

¿Piensa usted que la diversidad actual de medios de comunicación permite la difusión y ampliación de conocimientos y favorece el intercambio activo de ideas?

Por supuesto y es un motivo de alegría. También ayuda a esto la situación de la psicología en el panorama de lasciencias. A finales del siglo XIX ya dijo Dilthey que la psicología, como el dios Jano, tenía dos caras. Con una miraba a  la naturaleza, y con la otra a las ciencias del espíritu. De aquí su clasificación, la de Dilthey quiero decir, entre ciencias de la natura y ciencias del espíritu, con la psicología en calidad de bisagra entre ambas. Esta cualidad dual se expresa en los departamentos universitarios y en las ofertas terapéuticas. Tenemos modelos muy cercanos a las ciencias médicas, como los conductuales y otros muy espirituales como los enfoques experienciales humanistas. Como siempre los extremos se tocan, yo suelo decir no muy en broma que con la revolución cognitiva la mente retornó al conductismo pero con la tercera generación ha vuelto el espíritu. Conozco psicoanalistas que se horrorizan si les mencionas la sugerencia de Freud de que una vez trabajadas en parte el mecanismo defensivo y el significado de la angustia debíamos estimular al paciente fóbico a enfrentarse a su objeto angustiante y cuantos programas de soporte emocional ignoran muy enfáticamente las bases conceptuales psicodinámicas de las que se nutren. Algunos de los modelos más recientes, pienso ahora en el EMDR están en vías de superar sin condiciones de seguridad esta afición táctil de los extremos. Espero que con el desarrollo de las neurociencias y de las neuroterapias esta histórica y cada vez más dudosa disociación entre biología y cultura se suavice.

Sus publicaciones en revistas y/o en su propio blog, ponen de manifiesto un profundo recorrido experiencial a través de diferentes enfoques teórico-prácticos. ¿Compartiría nuevamente con nuestros lectores los motivos de su interés en los mismos?

Originalmente comencé a estudiar filosofía, sentía mucha curiosidad sobre el qué, el para qué y sobretodo el cómo de las cosas. De manera simultánea me sumergí de forma paralela en el campo del psicoanálisis y de la terapia sistémica de familias, los cuales convivían en mi cabeza sin ninguna dificultad. Cuando leí a Lazarus me pareció muy evidente su eclecticismo técnico, dado que ya había descubierto que existían muchas combinaciones posibles de estrategias de cambio. Durante años acumulé una lista de coincidencias del tipo de la similitud entre los inconscientes ericksoniano y lacaniano, la fácil comparación entre mecanismos de defensa y distorsiones cognitivas o como que la principal resistencia es la del profesional mismo, en lo que coincide prácticamente todo el mundo, etcétera La idea general es que hay varias maneras de hacer lo mismo, es un tema del cómo y del qué. Aunque naturalmente no sea exactamente lo mismo según “cómo” hagas lo “qué” hagas, esto no invalida mi argumento porque de todos modos aunque siempre hiciéramos lo mismo también tendríamos que adaptarnos a cada síntoma, a hablar el lenguaje de cada paciente.

Comenzando como he dicho desde el psicoanálisis y la sistémica más tarde descubrí la programación neurolingüística, que consiste en una teoría (muy práctica y discutible por cierto pero eso tiene de bueno, que se puede discutir prácticamente) general de la comunicación en psicoterapia. Talleres y más talleres agotadoramente divertidos que me llevaron de la mano al ericksonismo y la hipnosis. Descubrir el EMDR fue un acontecimiento. A diferencia de otros enfoques, con EMDR compruebas muy rápidamente si lo que haces, para el caso la estimulación bilateral, está funcionando eficazmente, es decir si es adecuado a este paciente en concreto. Si no funciona es innocuo pero el principal riesgo es que funcione demasiado rápido y el terapeuta se espante. Además, como lo hace la misma Francine Shapiro lo puedes fundamentar desde varias inspiraciones teórico clínicas, con lo cual te ahorras debates estériles. Mi último hallazgo ha sido la terapia reconstructiva interpersonal. Gracias a los buenos oficios de mi colega Dimitra Doumpioti que la suele invitar a Barcelona, tuve ocasión de hablar bastante con Lorna Smith Benjamin, que conjuga de manera muy elegante y rigurosa evidencia científica con sensibilidad clínica, DSM con psicoanálisis y en general te ayuda a construir el caso sin simplificar la riqueza biográfica del paciente calzándola en categorías diagnósticas.

Como defensor de una visión y enfoque ecléctico profesional, puede compartir con nosotros los grandes beneficios que en su opinión dicha visión aporta; y si estima que puede existir algún tipo de desventaja.

La psicoterapia consiste en observar cada vez más y mejor y operar el mínimo indispensable para que el paciente haga y quiera hacer cada vez más por su propia cuenta. Me preocupo mucho cuando observo que un paciente me considera muy inteligente, prefiero que piense que soy un poco tonto. Pero para observar mucho y hacer poco hace falta mucha preparación, por eso considero que cuántas más hipótesis observacionales conozcamos mejor será nuestra escucha, nuestra mirada y nuestro contacto con nosotros mismos en sesión. Esta variedad de hipótesis orientando la observación nos da un mejor conocimiento sobre el síntoma. Si sólo conoces una hipótesis ésta se convierte en un artefacto y pierdes de vista el fenómeno o ves siempre lo mismo. Claro que esto conlleva un riesgo, porque hay pacientes que parecen nacidos para un enfoque predominante sobre cualquier otro. Esto es natural, en el desarrollo de cada modelo encontramos una experiencia, un paciente prínceps. A mí me ayudó enormemente la lectura de las Exploraciones metacientíficas, de Ulises Moulines, en las que describe la estructura de una teoría científica incluyendo este momento fecundo, esa manzana primera que vio Newton, después que millones de manzanas hubieran caído del árbol. Me viene ahora a la mente el libro Therapy Wars, contention and convergence in differing clinical approaches, de Nolan Saltzman y John C Norcross, que recomiendo enfáticamente a quien le interesen las relaciones de vecindad y conflictos entre jardines y setos entre psicoterapias.

Teniendo en cuenta, su amplia y extensa experiencia en la actividad clínica como en el ámbito de la intervención psicosocial, en contextos tan diversos como las toxicomanías y la atención psicosocial a menores; ¿en su opinión cree que determinados enfoques ofrecen un mayor resultado frente a otros, en función del campo o problemática en los que se aplican?

La intervención psicosocial es un campo lleno de desafíos y oportunidades para un terapeuta dotado de curiosidad y vocación innovadora. A diferencia del campo clínico, en el que alguien nos pide algo, aunque sea de manera confusa o cifrada, en la dimensión psicosocial es la administración, o la sociedad la que nos exige que intervengamos. El síntoma es social, aunque vehiculizado por una persona, una familia o un grupo. Trabajando en violencia intrafamiliar e infancia protegida tuve ocasión de poner en práctica todo lo que sabía y también de descubrir algunas cosas nuevas. De esa experiencia, continuada después como supervisor de equipos de servicios sociales básicos saco la conclusión de que el enfoque más práctico y aplicable, en el nivel de la intervención psicosocial es el sistémico. Por su caja de herramientas, como suele decirse y por el efecto heurístico que tiene en el profesional, constantemente presionado por el usuario a pulir sus reflejos. Ahora, para la comprensión diagnóstica y el acompañamiento del usuario “psicosocial”, tan atrapado en sus precariedades vitales o contextuales, sus ansiedades y su necesidad de pedir ayuda o la obligación a aceptarla sin pedirla la caracterización psicoanalítica del síntoma y del vínculo sigue siendo en mi opinión insustituible. Ahora, también quiero aclarar que sistémico significa algo más que doble vínculo, paradojas o prescripción del síntoma. Pasado el primer momento, en el que Bateson, Haley, Jackson, Watzlawick y tantos otros decidieron prescindir de las hipótesis intrapsíquicas para estudiar lo que pasa entre los individuos y familias sin especular sobre lo que pasaba en sus cabezas y corazones, en un segundo momento necesitaron mirar a su alrededor y coger lo que les faltaba para seguir, y lo encontraron donde estaba, en la psicología humanista y en la psicodinámica. En la actualidad lo intrapsíquico ocupa un lugar importante en el arsenal de estrategias sistémicas, sin perder aquel knack de osadía, función positiva del síntoma y humor que lo caracterizó y que tan útil resulta en el campo psicosocial.

¿Considera usted que por término medio, su inspiración y anhelo de realizar una práctica ecléctica de la psicoterapia, que contemple e incluya diferentes enfoques, es una aspiración que compartida con muchos otros colegas; o por el contrario, en su opinión, en la práctica de la psicoterapia existe una tendencia hacia algún enfoque en especial?

El punto de vista ecléctico ha sido superado conceptualmente por el de integración. Ahora los terapeutas politeístas nos consideramos integradores. Esto significa que comenzamos en alguna parte, o en dos como hice yo, y después vamos sumando enfoques diferentes, o restando aspectos de alguno. Pero tampoco esto está muy extendido, la identidad es el más fuerte de los instintos. El siguiente paso es el constructivismo, el que como dicen Botella y Feixas aunque no aporte un nuevo fragmento de verdad terapéutica proporciona una visión alternativa. El constructivismo no es una técnica, ni un método, lo que le permite acoger herramientas de todas partes. Es un punto de vista desde donde mirarlos a todos, y en el que todos pueden sentirse reconocidos, incluso discutirle cualquier derecho de autor. Que la realidad humana finalmente se reduce a la experiencia que tenemos de ella, que se trata de un constructo mental, que el mapa no es el territorio es algo que todos han dicho, desde Epicuro hasta nuestros días y que el hombre sabe y olvida desde las cavernas. Seguramente no existe ningún sistema psicoterapéutico que se oponga en teoría a este principio, pero unos u otros comienzan o acaban descubriendo alguna cosa que la matiza o la determina, sean el complejo de Edipo, la compulsión a la repetición, los condicionamientos del aprendizaje, las cogniciones erróneas, las ansiedades ontológicas, las paradojas pragmáticas, los fallos de almacenamiento de las experiencias negativas, y podemos seguir engordando esta lista según todos las teorías clínicas que conozcamos. También el constructivismo define cinco temas básicos: actividad, orden, identidad, relación simbólica y desarrollo vital. El tiempo dirá, y (como siempre ha sido en psicoterapia) promete ser apasionante.

Además, a lo largo de su blog, hace mención a la lectura de diferentes autores. ¿Cuál es el que mayor impacto y/o placer le ha producido? Y de entre todos ellos, ¿cuál/es diría que pueden ser los grandes olvidados de la psicoterapia en la actualidad? ¿Recomendaría releer alguno/s en concreto, y por qué motivo?

El primero que me viene a la cabeza es Harold Searles, cuyos Collected papers on schizophrenia and related subjects leí con admiración hace ya más de 20 años. Aprovecho además su pregunta para rendirle un humilde homenaje, murió en 2015 creo que ya tenía 97 años.

Searles fue uno de los que más lejos llevó la substitución del lugar del terapeuta como pantalla en blanco por una afirmación muy potente del valor de la contratransferencia. Además describió como curar a nuestros pacientes consiste también en dejarnos curar por ellos, lo que significa que para tratarlos con eficiencia debíamos dejarnos tratar por ellos. Fue sistémico avant la lettre y describió las relaciones enloquecedoras en la interacción familiar con mucha fineza clínica.

Por otra parte, centrándonos en su actual cargo, como Presidente de la Sección de psicología clínica, de la salud y psicoterapia del Colegio Oficial de Psicólogos de Cataluña ¿cuáles son los proyectos profesionales en los que actualmente se encuentra inmerso? ¿Y cuáles cree que son los actuales retos a los que la psicología y los profesionales de la clínica, de la salud y psicoterapia debe/n hacer frente?

Nuestra junta directiva de la sección nació de la unión de varios profesionales de inspiraciones teórico-clínicas diversas y con la intención de mantener y promover dicha diversidad. La sección tiene 2800 miembros y 45 grupos de trabajo, sobre muchos temas y desde muchos enfoques, por lo que es natural que la junta refleje dicha pluralidad. Al tiempo de comenzar decidimos proponer el cambio de nombre de la sección, que pasó de llamarse “Sección de psicología clínica y de la salud” a llamarse “Sección de psicología clínica, de la salud y psicoterapia” lo que por un lado era un acto de mera justicia, dado que muchos grupos de trabajo eran sobre temas de psicoterapia. Pero también era una decisión estratégica, porque pensamos que los psicoterapeutas podemos tener un papel de actuación política en las convulsas aguas actuales entre clínicos y sanitarios. La psicoterapia es transversal a todos los psicólogos del ámbito sanitario, y digo sanitario en sentido amplio, desde servicios hospitalarios hasta instituciones psicosociales del tercer sector. Cualquier psicólogo, no importa qué tarea concreta esté realizando con un usuario está haciendo siempre por lo menos dos cosas: 1) generar una relación de confianza en la que el usuario pueda exponerse a sus ansiedades, síntomas y precariedades de una manera más atenuada y segura y 2) mantener dicha relación con el paciente en dos niveles paralelos: un nivel como interlocutor humano y otro como observador de sí mismo en la relación. Esta definición, la más breve posible de psicoterapia que se me ocurre les sirve tanto a clínicos, como a sanitarios como a otros.

A modo personal, ¿qué consejo le daría a los recientes graduados en psicológica y a las anteriores generaciones de psicólogos, que se dedican o desean encauzar su foco de atención profesional en la psicoterapia?

Si me permite decirlo llanamente: que no vendan lo que no hayan comprado. Que realicen un importante trabajo personal, como se dice eufemísticamente ahora. Para mí eso significa ser paciente de algún tratamiento psicoterapéutico. Sinceramente y no como parte de un programa de entrenamiento. Y volver a hacerlo de tanto en tanto. Y si son curiosos y tienen ganas de explorarse a sí mismos, que lo hagan bajo diferentes métodos.

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