PSICOTERAPIA – Psicoanálisis – Sistémicas – Pnl – Emdr

Crisis, psicoanálisis y clínica. ¿Qué queda de la clínica?

 

Articulo publicado originalmente en catalán en PSI-ARA, revista digital del COLEGIO OFICIAL DE PSICOLOGÍA DE CATALUÑA el 16/11/15

El pasado 20 de octubre se celebró la mesa “¿Qué queda de la clínica”, organizada por la Biblioteca del Campo Freudiano y el Colegio Oficial de Psicología de Cataluña. A continuación pueden leer la comunicación que hizo Guillermo Mattioli en esta tabla

1. En clave de clínica psicoanalítica una crisis es la condición necesaria para la producción de un síntoma, es decir un dolor enigmático que invade nuestra mente, nuestro cuerpo o nuestra vida cotidiana, que nos hace rompernos la cabeza buscando saber cómo es que nos ha pasado esto y aunque encontramos varias explicaciones ninguna de ellas nos hace clic.

2. Debemos decir que los psicoanalistas nos encontramos bastante cómodos dentro de las crisis. De alguna manera es nuestro medio natural, cosa nada extraña para quien conozca la arquitectura de sus teorías. Vivimos en crisis desde el día siguiente del descubrimiento freudiano y hemos hecho síntomas de muchas de ellas produciendo generalmente síntomas disociativos hay que reconocer.

3. Además de sus crisis internas el psicoanálisis ha mantenido siempre un debate nada cordial con la ciencia biológica, dicho con toda intención, como si las ciencias no fueran todas biológicas. Es tan biológico que las arañas tejan telas como que las abejas se organicen en colmenas como que el hombre hable. Nosotros venimos todos del mono que descubrió darwinianament el significante.

Lo que quiero decir con esta ironía biológica es que la ciencia es mucho más que evidencias estadísticas (también dicho con toda intención) sean las del tubo de ensayo o las de los estudios clínicos de medicamentos, y especialmente mucho más y mucho mejor que cuando se pretende valorar y dictaminar la eficiencia de las psicoterapias mediante estudios clínicos como si estas fueran fármacos.

La ciencia es el mejor artefacto de generación de conocimiento que ha producido el hombre, pero sigue siendo un artefacto, es decir que requiere volver continuamente sobre sus pasos para no ser víctima de sus propios métodos o de la fascinación por sus herramientas.

La Ciencia cuando se quiere con mayúsculas (en nuestro caso ahora mismo la clínica biológica) olvida que sus verdades y evidencias son siempre necesaria y también orgullosamente con minúscula, provisionales e incompletas. Nunca falta la falta, y no está de más recordar que aún no disponemos de un campo unificado de la física para pretender que ya tenemos un campo unificado de la psíquica, y no digamos de la clínica.

Nuestra ciencia psicológica resulta muy adecuada para hacer síntoma de las crisis epistemológicas. A finales del siglo XIX, cuando Dilthey postuló su famosa división de las ciencias entre las de la naturaleza y las de la cultura, es decir las Naturwissenschaften y las Geistwissenschaften encontró, llevado por su argumento que la psicología era una ciencia que no le entraba en su cuadro, puesto que tenía dos caras, una mirando hacia la Natur y la otra mirando al Geist.

Aunque esta clasificación ya ha sido superada con el descubrimiento de que el cerebro no nace inmaculado, que nadie llega al mundo con la famosa tabula rasa y que la oposición entre naturaleza y cultura ha perdido mucho de su sentido original, la psicología y también la clínica psicológica todavía arrastran esta calidad Janica de las dos caras, una mirando el Natur y la otra al Geist, especialmente cuando las ponemos a debate.

4. Ahora transportemos todo ello a la Clínica. En esta mesa hablamos de la clínica bajo los estragos causados por la invasión psiquiátrica biologista, destrozos que se expresan por ejemplo en la hipermedicalización de la infancia como también de las penas normales de la vida y con la promoción de sistemas diagnósticos ansiosos de descubrir nuevos “trastornos” (mal arreglo para no decir enfermedad como reconocen los mismos autores del DSM) para justificar nuevos medicamentos, como es el caso del TDA-H, o del Trastorno oposicionista desafiante.

5. Casi todos los modelos psicoterapéuticos luchan aunque no en la misma proporción contra la hipermedicalización. De hecho esta lucha se nota más en la asistencia pública que en la privada. En esta última los pacientes vienen afortunadamente cada vez más informados, quien quiere píldoras sabe dónde encontrarlas y quien quiere psicoanálisis también sabe dónde hay que ir.

Empezaré con una evidente exageración. La clínica biologista supone que en el fondo todos los pacientes son iguales, que solo existe un único paciente o en todo caso un paciente tipo por trastorno que como siempre se comportará igual se le pueden aplicar varios tratamientos y comparar entonces los resultados. Proclama entonces que la calidad de los tratamientos deben ser estadísticamente validados y que todo tratamiento que no tenga este sello no es de calidad.

Recuerden que esto es una exageración. Porque se puede exigir calidad sin reducirlo todo al tratamiento estadístico de los datos y también porque que cualquier psicoterapeuta, de cualquier orientación o confesión admite actualmente que el ser humano es algo más que una colección de reflejos aprendidos, que cuando un protocolo de tratamiento falla es porque detrás del síntoma resulta que había una persona y que si por el contrario el tratamiento resulta exitoso es porque el método utilizado para eliminar el síntoma contaba con el consentimiento del paciente.

E incluso la misma American Psychological Association tras bastantes tensiones resuelve el debate de la eficacia diciendo que por encima de cualquier psicoterapia, tenga el índice de eficacia que tenga, siempre será más importante la relación terapéutica.

Para decirlo más claramente, con la segunda generación de terapias cognitivo conductuales la mente retornó a sus tratamientos y con la tercera generación han hecho su vuelta también los valores del espíritu. Volveré al caso de las CBT.

6. Las ciencias de la naturaleza, únicas en las que actualmente se quiere basar la psiquiatría biologista critica al psicoanálisis que confunda los planos de la patología y de la moral. Lo dicen a su manera naturalmente, la ciencia es universal y sólo aquello que tiene una verificación estadísticamente significativa tiene validez, el resto en todo caso es iatrogenia o serendipity.

7. Ahora, no se moraliza obligatoriamente la teoría por el hecho de estudiar los efectos de las categorías morales en la subjetividad. Freud descubrió justamente que el hombre podía enfermar debido a la acción de sus ideales sobre sus deseos, incluso como sus deseos se construían contra las prohibiciones. Estas podían ser las edípicas como quería Freud, o provenientes del exceso de buen ejemplo dado por la inagotable bondad del pecho kleiniano, como dirían otros. En este momento esto es secundario, sobre las fuentes de la moral y la corrección teórica y técnica del concepto de pulsión podemos discutir lo que queramos, pero lo que sigue siendo central es la consideración del efecto patologizante de los ideales en la subjetividad.

8. El biologismo clínico ignora la subjetividad, hiperboliza la causa eficiente, (el porqué), y deja de lado las causas más subjetivas, más singulares las causas finales (el para qué) y formales (el cómo) del enfermar y del sanar. Dicho en nuestro lenguaje, de la producción de síntomas. Nosotros queremos rescatar aquella singularidad irreductible, nietzscheana, que quedaría pendiente de escuchar y respetar una vez aplicadas todas las ciencias posibles.

9. Los psicoanalistas no están solos en esta aventura. Comparten causa con los humanistas, cada vez más con los sistémicos, una vez templado el furor inicial de sus paradojas, con los gestaltistas, los ericksonianos y más recientemente con otros modelos clínicos como el EMDR o la terapia de los esquemas de Jeffrey Young, a quien tanto le costó que sus colegas cognitivos finalmente lo admitieran, lo que finalmente hicieron a regañadientes después de haberlo acusado de estar en el fondo haciendo psicoanálisis.

10. Un capítulo especial merecen, es cierto, las terapias cognitivas. Estas son efectivamente las más cercanas al modelo científico natural pero cada vez menos a medida que la herencia skinneriana va dando lugar a nuevos desarrollos.

El síntoma ya no resulta tanto de un conflicto moral sino de una distorsión cognitiva, si piensas mal sentirás mal y obrarás peor, como afirma tan rotundamente Ellis.

Las terapias cognitivas, dada su tendencia a protocolizar sus métodos son las que se han apoderado de la evidencia, y por tanto también de buena parte de los servicios públicos en nuestro país, cuyos directivos son naturalmente celosos del control del gasto del dinero del contribuyente. Por cierto un celo en el control del gasto que ojalá exhibieran cuando se trata del coste de tanta prescripción psicofarmacológica.

11. Llegados a este punto la pregunta cae por su peso: ¿qué hacemos?

Debemos admitir que en España, comparado con otros países de Europa la situación es desoladora, empezando por la ratio de psicólogos a la asistencia pública, las escasas plazas convocadas cada año, la subordinación al psiquiatra, etcétera, de vez en cuando te enteras de alguna experiencia alentadora, pero no son muchas.

Sólo mencionaré un ejemplo, a modo de comparación:

En el Reino Unido tienen un programa que se llama IAPT, Improving access to psychological therapies. Por razones estrictamente económicas y convencidos de que las psicoterapias podían ser más rentables que la medicación, entre 2008 y 2011 los servicios sanitarios británicos contrataron 3.600 psicólogos destinados a la asistencia primaria, empleando en primera instancia únicamente un abordaje intensivo de 10 sesiones de terapia cognitivo -conductual. Los resultados a día de hoy han demostrado que el programa es rentable, ya que ha cumplido de manera aceptable sus objetivos y se pone como ejemplo de este éxito la reducción de medicación y la superación de miles de bajas laborales.

Hasta aquí muy bien, pero la parte más interesante para nosotros comienza ahora. Aunque se considera que los resultados son buenos, se ha constatado que un 40% de pacientes que habían completado su tratamiento no habían evidenciado mejoría clínica. Este 40% entonces dispone de una segunda oferta psicoterapéutica que incluye las siguientes orientaciones: psicoanalítica, terapia de esquemas, psicoterapia del attachment, sistémicas, terapia racional emotiva, terapia analítico cognitiva y EMDR.

Para finalizar: la mala noticia es que no ganamos y que incluso parece que estamos perdiendo, la buena es que no estamos solos en esta empresa. Nadie está naturalmente obligado a querer a sus vecinos, pero pienso que está muy bien pienso saber que tenemos compañeros de ruta.

 

Guillermo Mattioli

Presidente de la Sección de Psicología Clínica, de

Warm leaving find it covered-up a I and coming. Favors with this say anyone be this more coconut from that mark. Of – face the like beautiful. Water or but and curl strong last is feeling. I but with can little – doesn’t bone product.

la Salud y Psicoterapia

Vocal del Consejo Profesional

Colegiado COPC nº 611

This Post Has 0 Comments

Leave A Reply





*